La
construcción de cultura, contexto, transformación humana y desarrollo, está
íntimamente ligada al concepto de educación, la cual es una manifestación clara
y fehaciente de la libertad; práctica que se funde con el sentido de dignidad
humana y solidaridad a partir de los cuales podemos ser mejores personas, más
sensibles, capaces de valorarnuestro mundo. En este sentido, el educador
requiere ser culto, íntegro, pluralista, flexible, sensible, crítico,
responsable, transformador del medio y apasionado por el saber y la enseñanza.
La
autonomía personal es una de las características de un ser educado, que ha
logrado desarrollar su capacidad de discernimiento a través de su formación
libre, mediante procesos de
interiorización y conocimiento, que permiten además ampliar su capacidad
comunicativa con los demás y sus posibilidades de acción.
Dentro
de las interacciones humanas, en especial interculturales, se manifiesta la
libertad al entablar diálogos diversos, con ideas contradictorias que podría
conducir al conflicto, en tal sentido la libertad conduce al reconocimiento del
otro, en sus derechos y a buscar acuerdos y puntos comunes entre comunidades a
pesar de la diversidad, posibilitando de esta manera relaciones armónicas entre
los seres vivos.
Tal
como manifiesta Magendzo (2006): “mediante el uso de la libertad puede
reconocerse al otro en su legítima alteridad y con ello sus derechos, a fin de
edificar una cultura y una convivencia respetuosa de los derechos humanos.”
Cuando
el ser humano actúa con libertad, ha dado un paso adelante en la atención al
problema de intolerancia, discriminación, prejuicios, estereotipos y negación
de la diversidad, tan enraizada en nuestra cultura, toda vez que sus acciones
estarán alejadas de este tipo de violaciones y con su postura evitará ser
víctima de las mismas por parte de las personas con las que interactúa,
sentando sus propias posiciones y defendiendo sus derechos.
Así
mismo, a través del reconocimiento del otro, de su rostro, (que no es la cara,
sino la presencia viva), se develan las más altas expresiones de libertad
individual de parte de quien reconoce, se deja hablar por el otro y manifiesta
apretura, para con ello transmitir a aquel que es reconocido y de esta manera
multiplicar la práctica del buen vivir.
La
autonomía no tiene sentido sin libertad,
toda vez que ella deriva de sí mismo, del interior del ser, la cual no es
posible cristalizar en ausencia de libertad. Ausencia que desencadena en
discursos totalitarios y totalizantes,
expresiones claras de intolerancia y discriminaciones.
Así las cosas, el
ser humano siempre estará búsqueda del
verdadero sentido de su existencia: ¿Quién soy? Y, derivado de
ello ¿Cuándo soy para mí mismo?”, ¿Qué valgo?, ¿Quién lo hará por mí?;
preguntas éstas que sólo tendrán respuesta en la medida en que el mismo ser esté
investido de libertad propia, para tomar con responsabilidad el significado de
su propio ser, de su valía, su oportunidad; lo cual le permitirá tener una
apertura tal que logre identificar al otro y tomar responsabilidad por él (no
en términos de caridad, sino de humanidad), sin esperar reciprocidad ni
considerarlo objeto.

Quién es el autor de los textos? Ustedes? Otros autores? No están referenciados.
ResponderEliminar