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martes, 28 de mayo de 2013

LA EDUCACIÓN COMO PRÁCTICA DE LA LIBERTAD



La construcción de cultura, contexto, transformación humana y desarrollo, está íntimamente ligada al concepto de educación, la cual es una manifestación clara y fehaciente de la libertad; práctica que se funde con el sentido de dignidad humana y solidaridad a partir de los cuales podemos ser mejores personas, más sensibles, capaces de valorarnuestro mundo. En este sentido, el educador requiere ser culto, íntegro, pluralista, flexible, sensible, crítico, responsable, transformador del medio y apasionado por el saber y la enseñanza.


La autonomía personal es una de las características de un ser educado, que ha logrado desarrollar su capacidad de discernimiento a través de su formación libre, mediante procesos de  interiorización y conocimiento, que permiten además ampliar su capacidad comunicativa con los demás y sus posibilidades de acción.

Dentro de las interacciones humanas, en especial interculturales, se manifiesta la libertad al entablar diálogos diversos, con ideas contradictorias que podría conducir al conflicto, en tal sentido la libertad conduce al reconocimiento del otro, en sus derechos y a buscar acuerdos y puntos comunes entre comunidades a pesar de la diversidad, posibilitando de esta manera relaciones armónicas entre los seres vivos.

Tal como manifiesta Magendzo (2006): “mediante el uso de la libertad puede reconocerse al otro en su legítima alteridad y con ello sus derechos, a fin de edificar una cultura y una convivencia respetuosa de los derechos humanos.”

Cuando el ser humano actúa con libertad, ha dado un paso adelante en la atención al problema de intolerancia, discriminación, prejuicios, estereotipos y negación de la diversidad, tan enraizada en nuestra cultura, toda vez que sus acciones estarán alejadas de este tipo de violaciones y con su postura evitará ser víctima de las mismas por parte de las personas con las que interactúa, sentando sus propias posiciones y defendiendo sus derechos.

Así mismo, a través del reconocimiento del otro, de su rostro, (que no es la cara, sino la presencia viva), se develan las más altas expresiones de libertad individual de parte de quien reconoce, se deja hablar por el otro y manifiesta apretura, para con ello transmitir a aquel que es reconocido y de esta manera multiplicar la práctica del buen vivir.

La autonomía  no tiene sentido sin libertad, toda vez que ella deriva de sí mismo, del interior del ser, la cual no es posible cristalizar en ausencia de libertad. Ausencia que desencadena en discursos totalitarios y totalizantes,  expresiones claras de intolerancia y discriminaciones.

Así las cosas, el ser humano siempre estará búsqueda del
verdadero sentido de su existencia: ¿Quién soy? Y, derivado de ello ¿Cuándo soy para mí mismo?”, ¿Qué valgo?, ¿Quién lo hará por mí?; preguntas éstas que sólo tendrán respuesta en la medida en que el mismo ser esté investido de libertad propia, para tomar con responsabilidad el significado de su propio ser, de su valía, su oportunidad; lo cual le permitirá tener una apertura tal que logre identificar al otro y tomar responsabilidad por él (no en términos de caridad, sino de humanidad), sin esperar reciprocidad ni considerarlo objeto.

1 comentario:

  1. Quién es el autor de los textos? Ustedes? Otros autores? No están referenciados.

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